viernes, 4 de septiembre de 2015

Colombia. Santos decreta la Emergencia en la frontera en favor de multinacionales del carbon y del dolar today




Santos ha decretado uno de los Estados de excepción previsto en la Constitución política colombiana, el Estado de Emergencia económica, para supuestamente atender los problemas económicos suscitados por el cierre de la frontera con Venezuela, ordenada desde el gobierno bolivariano de Venezuela con el fin de hacer frente al contrabando de combustibles y alimentos, la presencia masiva de los grupos terroristas paramilitares y la manipulación monetaria con el dólar que realizan miles de operadores cambiarios.

Aparentemente la medida tiene como objetivo atender las apremiantes necesidades de la población colombiana indocumentada que se regresa desde San Antonio del Táchira y de otros municipios del Estado vecino, y de quienes huyen por estar ligados a las redes criminales del paramilitarismo que azota a los venezolanos con el cobro de vacunas, extorsiones, secuestros y asesinatos.

Sin embargo, al examinar con detenimiento las acciones establecidas, que son acompañadas con una retorica humanista demagógica, poco es lo que benefician a las personas, mujeres, niños, ancianos y desempleados, tal como se difunde por las redes de comunicación al servicio de las elites dominantes.

El trasfondo de los decretos tiene como objetivo favorecer las multinacionales que explotan y saquean los recursos mineros estratégicos, como el carbón, que se extrae de los municipios norte santandereanos de Cúcuta, Zulia, Salazar de las Palmas y Sardinata.

Casi todas las políticas del gobierno nacional que preside Santos en lo relacionado con dicha región siempre tienen como finalidad entregar prebendas a dichas empresas. Sucedió con el Conpes (documento de Planeación Nacional) del Catatumbo expedido en el 2011; ocurrió con los acuerdos para poner fin al potente paro agrario del 2013, que se desviaron para invertir en vías y autopistas, como la del carbón, construidas con inversiones públicas, que benefician en gran medida a los conglomerados globales del carbón, sin importar la situación social de los indígenas, de los campesinos y la integridad de los ecosistemas estratégicos como ríos, lagunas, reservas forestales, humedales y fauna típica de la zona.

Nunca esos acuerdos para levantar el paro agrario del Catatumbo se cumplieron y después de dos años los campesinos e indígenas han debido tomarse por estos días las instalaciones centrales del Ministerio de Agricultura para presionar el desembolso de cerca de 100 millones de dólares que el Ministro titular ha desviado para satisfacer los apetitos de los gamonales santistas.

Sucede con el Conpes de fronteras, el 3805, que es manipulado por la casta política norte santandereana para forrarse en fortunas y extender sus tentáculos politiqueros con el apoyo de las bandas mercenarias del paramilitarismo que se han propagado hacia el territorio venezolano.

Así que esta nueva salida de Santos y sus Ministros, acompañados por unos embajadores de la cuerda gringa, no atiende la compleja problemática social, económica y política del corredor Cúcuta-San Antonio.

De otro lado, llama la atención que la tal Emergencia económica no se hubiese utilizado para resolver uno de los más graves problemas detonantes de la actual crisis.

Me refiero al tema del dólar today que es utilizado para provocar enormes distorsiones en el mercado venezolano de las divisas, como la inflación y especulación.

En efecto, desde el mes de mayo del año 2000, está vigente la Resolución externa No 8 de la Junta Directiva del Banco de la Republica, mediante la cual se autorizo a cualquier persona, natural o jurídica intervenir, en el mercado de monedas extranjeras. Esta norma, en la práctica legalizo la denominada “ventanilla siniestra”, que en el gobierno de Lopez Michelsen (1974-1978) sirvió para lavar millones de dólares provenientes del tráfico de marimba. Centenares de personas eran enviadas por las mafias de la marihuana a monetizar los dólares de los embarques mediante cambios hechos en las oficinas regionales del Banco de la Republica, especialmente en la Guajira, Valledupar, Santa Marta y Bogota. Por esa vía se legalizaron e ingresaron miles de millones de dólares del narcotráfico en el torrente monetario ordinario.

A partir de esa experiencia es que se expidió la Resolución No 8 del 2000 (http://bit.ly/1N6zkqf), que en los últimos 15 años propicio la conformación de miles de ventanillas cambiarias por todo el país. Usted va a Cúcuta, Ipiales (en la frontera con Ecuador), Barranquilla, Medellín, Bogota y se encuentra con tales entidades comprando y vendiendo dólares sin el mayor control de la Dian o la Unidad de Información y Análisis Financiero/UIAF, la policía cambiaria del Ministerio de Hacienda.

En Cúcuta y la frontera existen miles de esas casas de cambio. Tienen un gremio que las agrupa, el cual trabaja en llave con los políticos oficialistas de la región, con las mafias del contrabando y con los jefes del paramilitarismo.

Por allí circulan miles de millones de dólares traídos desde Caracas, y negociados con la tarifa determinada diariamente por el Banco de la Republica, el punto de referencia del denominado dólar today, que es el azote de la economía venezolana, fuente de la especulación, la inflación y el sabotaje de la política monetaria del Estado venezolano.

Nada de eso lo toco Santos con su Emergencia económica, para que nos demos cuenta por dónde van los tiros de la guerra económica y el golpe suave.

Esos son los asuntos que la Casa de Nariño y la oligarquía dominante en Bogota se niegan a tocar en un dialogo directo como el que ha solicitado el Presidente Maduro con las autoridades colombianas para construir una nueva frontera. Lo mismo pasa con el paramilitarismo, se oponen a profundizar la colaboración con el Ejercito bolivariano para perseguir en caliente en el territorio colombiano los jefes y redes del paramilitarismo. Prefieren hacerse los de la vista gorda con el Iguano, Jorge Ivan Laverde Zapata, quien regreso a Puerto Santander a reorganizar estas bandas para tomarse las poblaciones de los vecinos Estados del Táchira y Zulia e instalar los hornos crematorios utilizados de tiempo atrás en Cúcuta y Villa del Rosario.

Comportamiento que está indicando las perversas intenciones de los actuales gobernantes de la Casa de Nariño. Es que están bajo el patronazgo del Comando sur yanqui y sus generales golpistas.


http://kaosenlared.net/colombia-santos-decreta-la-emergencia-en-la-frontera-en-favor-de-multinacionales-del-carbon-y-del-dolar-today/

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Un debate sin fronteras



En la imagen del niño sirio muerto en una playa turca convergen preguntas, significados, impactos que recorren el planeta. Desde la discusión sobre la pertinencia de su publicación hasta las derivaciones políticas que generó su difusión. Aquí, dos aportes al debate.

OPINION
Un héroe involuntario

Claudia Fernández Chaparro *

Una compañera de la carrera de Psicología Social, Florencia, nos dijo: “No quiero ver la foto del nene sirio”. Inmediatamente, todas las presentes supimos a qué niño se refería.

Va a ser muy difícil que Florencia no tome contacto con esa foto viralizada de Aylan Kurdi, el niño de tres años que murió ahogado mientras escapaba de la guerra de Siria junto con su familia.

La pregunta es siempre la misma: ¿es correcto publicar una foto tan impactante? Según las leyes de protección integral de la infancia y la adolescencia, como la 26.061, no es ético y viola derechos personalísimos del niño. Aylan tiene derechos y esos derechos son vulnerados en virtud de mostrar algo que, desde hace mucho tiempo, venimos observando con preocupación: el drama de los migrantes.

La Convención sobre los Derechos del Niño también dice que los derechos de la infancia deberían estar en el primer plano de la agenda internacional en pro de los derechos humanos.

¿Por qué esta foto y no otras? Otros niños murieron en el intento de cruzar fronteras, pero la imagen de ese cuerpo pequeño, vestido y en la orilla de una playa de moda en una ciudad de Turquía fue impactante. El valor periodístico de la misma es innegable. Murieron miles, pero ésta es la que más golpea. La imagen de Aylan pone sobre el tapete el drama humano de este siglo: la desigualdad. Y demuestra la indiferencia de naciones ricas y poderosas ante la miseria y el pedido de auxilio de estas poblaciones periféricas.

Podríamos comparar esta foto con la del fotógrafo Kevin Carter, ganadora del Premio Pulitzer en 1994, en la que un buitre vigila pacientemente a un niño que agoniza por desnutrición en el desierto del Sahara, en Sudán.

Aylan es hoy un símbolo y, como tal, su última foto es la denuncia de este holocausto.

Los diarios del mundo que mostraban estadísticas, fotos de naufragios, muros de alambre y camiones con refugiados que perecieron en la travesía, hoy se hacen eco de esta foto e interpelan en sus editoriales a los gobiernos.

“El niño de la playa” les habla a los poderosos del mundo. Aylan Kurdi se convirtió en un héroe involuntario que les pone nombre y apellido a miles de desconocidos llamados por la prensa del mundo de modo genérico “migrantes”.

Mañana, en Venecia, está prevista una marcha de hombres y mujeres descalzos, tal como se trasladan muchos migrantes. Paradójicamente, Aylan llegó a la orilla, ya sin vida, pero con sus zapatillas puestas.

* Especialista en Infancia.

OPINION
Poner los medios al servicio de los pueblos

Cynthia Ottaviano *

Siete días bastaron para la creación del mundo, desde la perspectiva católica. La misma cantidad de días alcanzaron para agitar las redacciones periodísticas del mundo al debatir sobre si publicar o no un video conmocionante, que mostraba en tiempo real el asesinato de dos trabajadores de prensa de Virginia, Estados Unidos, y una foto devastadora del cadáver de un niño sirio, ahogado en la desesperación migratoria de su familia, a la orilla del mar turco.

En el primero de los casos, el noticiero de la PBS presentó los hechos, pero no usó capturas de pantalla del tirador, ni del arma, ni el audio de los tiros ni los gritos. En la NPR (la Red de radios públicas de Estados Unidos) concluyeron que la difusión del video “le daría al atacante el tipo de atención que aparentemente quería. Pero sentimos que le debíamos a nuestro público online darles una muestra de lo que era el video, y que una captura lo lograría. Sabemos que es una imagen dura, pero sentimos que era importante mostrarlo”.

En la radio, la BBC cortó el audio en general, después del sonido de un disparo en la cobertura. En la tv usó el fundido a negro como recurso para evitar la difusión del video completo. Se escuchó un disparo antes de cortar el cuadro a la conductora en el piso, reaccionando en shock. Luego del horario de protección a la niñez y la adolescencia, el noticiero de las 22 mostró el video desde el punto de vista del tirador, cuando se acerca a la filmación y baja el arma. Luego, fundieron a negro. No se mostró el tiroteo, ni la reacción de la víctima.

La empresa de radiodifusión finlandesa consideró que la intención del asesino era que se mostrara el video del antes y durante de la masacre y por eso no usó el video ni el audio. Sólo difundieron imágenes de las víctimas antes de ser asesinadas.

En la Argentina, hubo señales de “noticias” que llegaron a mostrar 43 veces seguidas el video, en menos de veinte minutos. Se espectacularizó la muerte, hasta volverla pornográfica. Quienes presentaban el video en un loop desafectado de la intención del asesino y los derechos de las audiencias, hicieron descripciones detalladas que buscaban orientar las miradas desatentas hacia determinados detalles: “fijate ahí”, “mirá ahora”, “ahí está”, “preste atención”.

La creatividad dramática exhibió decenas de titulares para profundizar el impacto: “morir en vivo”, “así lo mataba”, “grabó y subió su crimen a Twitter”. Expresiones inquietantes construyeron un suspense morboso en pleno horario apto para todo público: “te vamos a mostrar en exclusiva las imágenes”, “vean la expresión de la cara... ellos no saben, no se dan cuenta”.

La falsa sorpresa y hasta el delirio del vivo siguió condimentado la truculencia de lo ocurrido: “Increíble, increíble... estamos viendo algo que en algún momento las mentes más brillantes de la cinematografía, de la ficción, creyeron adelantarse, creyeron ser el Julio Verne de la modernidad”.

Si en las redacciones periodísticas argentinas existió el debate como en el resto del mundo, las lógicas de producción y reproducción mercantilistas de la tele parecen haberlo sofocado.

Todo hecho presenta una oportunidad extraordinaria para informar sobre los temas más diversos. No se trata del hecho en sí, sino del abordaje. De la verdadera intención informativa o distractiva. De la manipulación del morbo o de la invitación a pensar. De la construcción de sentidos que se propone y de las responsabilidades que implica.

Ante la difusión reiterada de los asesinatos, en pleno horario de protección de la niñez y la adolescencia establecido por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la Defensoría del Público recomendó reflexionar y tomar conciencia, ya que “la emisión de secuencias reales de violencia explícita propone un sentido espectacularizante de la noticia y repone la violencia que representa”, sobre todo cuando se trata de “generar un impacto antes que de informar”.

Sin embargo, desde unos pocos espacios se siguió adelante en busca de rating, de dinero mediático. Algo diferente ocurrió ayer, cuando desde algunas señales y canales se preguntaron si difundir o no la foto y el cadáver del niño sirio: una muestra extraordinaria del fotoperiodismo, que logró lo que el Papa no había podido: que Merkel y Hollande se reunieran para tratar con algún sesgo humanitario las crisis migratorias europeas.

Pero una vez más, no es la foto aislada. No es ese “cuadro único” que captó una realidad insoportable, que debe ser modificada. Se trata de los contextos y las intenciones. Se trata de que la radio y la televisión son servicios de interés público, donde se exterioriza el derecho humano a la comunicación. No un mero negocio.

Se trata de comprender que hay múltiples usos posibles de esa imagen, que puede ser el detonante de informaciones y perspectivas sobre una problemática histórica, social, económica y cultural mundial como lo es la migración, la desesperación de millones de personas de diversos rincones del mundo y las mayores vulneraciones a sus derechos; o simplemente la exhibición deshumanizada una y otra vez, pidiendo atención, fingiendo sorpresa y consternación.

Se trata de que a casi seis años de la sanción y promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se tome conciencia de que las luchas populares desde la recuperación democrática no fueron para que un puñado de comerciantes mediáticos se llenen de dinero y asfixien la palabra con videos de alto impacto, ni para que quienes trabajan en los medios omitan la reflexión y la toma de decisiones bajo una producción fordista; sino para que la radio y la televisión sean una herramienta de transformación social, que profundicen la democracia, poniéndolas al servicio de un pueblo y no de un “dueño”.

Se trata de la tensión que siempre existirá en la toma de decisiones mediáticas que pueden construir una violencia pornográfica, que deshumaniza la comunicación o poner en primer plano una realidad deshumanizada que, a partir de su comunicación, puede convertirse en el principio del cambio o la reflexión sobre temáticas históricamente silenciadas.

* Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-280869-2015-09-04.html

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Apuesta al mercado interno




“No se caen las ventas externas por problemas de competitividad sino porque no hay demanda”, dijo CFK.
Imagen: Jorge Larrosa
La Presidenta lo expresó el miércoles en la UIA, al afirmar que la crisis internacional obliga no sólo a sustituir importaciones sino también exportaciones, debido a la caída de la demanda externa. Las repercusiones.

“Además de sustituir importaciones necesitamos sustituir exportaciones con más mercado interno para cubrir lo que no nos compran de afuera, no se caen las ventas externas por problemas de competitividad sino porque no hay demanda”, aseguró el miércoles Cristina Fernández de Kirchner en la celebración del Día de la Industria. La frase no hizo más que reafirmar lo que viene haciendo el gobierno desde que la demanda de China, Brasil y Europa se redujo como consecuencia de la crisis internacional. Además, le sirvió a la mandataria para dejar en claro que no considera a la devaluación como una alternativa para recuperar competitividad. Su intervención generó ayer polémica entre quienes defienden el modelo del mercado interno y quienes presionan por una depreciación del peso con el argumento de que de ese modo se reactivarán las exportaciones.

En el Gobierno están convencidos de la necesidad de alentar la demanda para que el mercado interno continúe siendo el motor del crecimiento. La recesión de Brasil, principal socio comercial, y la desaceleración de China complicó el frente externo. Por lo tanto, la demanda local es clave para mantener la actividad de las fábricas y los puestos de trabajo. La industria fue uno de los sectores más afectados en los últimos meses, pero eso se debió fundamentalmente a la crisis internacional y tuvo a la industria automotriz como el máximo exponente de ese declive. En Economía sostienen que si no hubiera sido por el mercado interno la caída hubiera sido mayor y habría impactado de lleno en los niveles de empleo. Sin embargo, algunos sectores empresarios sostienen que la solución es la devaluación y la liberalización de la economía y vienen presionando fuerte por distintas vías para tratar de conseguir su objetivo.

El dirigente de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (Uipba), Osvaldo Rial, se alineó ayer con la postura oficial y sostuvo que “cortar el gran proceso de desarrollo que vive la Argentina en este momento sería volver atrás”. En una entrevista radial, el ex presidente de la Unión Industrial Argentina sostuvo que en las próximas elecciones habrá que elegir entre “un modelo de país que está basado en el trabajo, la producción, el mercado interno o volver a la tapa de un diario del 2001, en el que se recortaban jubilaciones o bajar los sueldos”. “No podemos tener un Estado ausente. La intervención del Estado ayuda a que los sectores privados puedan ponerse de acuerdo, ver de que forma se pueden complementar”, agregó. El dirigente fabril enfatizó que en los últimos años “se ha avanzado muchísimo en muchos factores que hacen al desarrollo productivo del país, tanto sean economías regionales, como lo que tiene que ver con pymes”.

Por su parte, el vicepresidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra), Juan Carlos Lascurain, dijo que Cristina Fernández de Kirchner “mostró cómo se fueron moviendo los sectores industriales en la argentina durante estos años, producto de haber definido como una política del país la reindustrialización, volver a generar empleo a través de la industria con medidas como la administración de comercio, la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, restablecer la educación técnica y la vuelta de los científicos”.

Entre los que cuestionaron los dichos de Cristina Fernández, estuvo el titular de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), Enrique Mantilla, quien aseguró que la idea de sustituir exportaciones “es una barbaridad económica”. El comunicado de CERA añadió que la propuesta presidencial significa “promover un endeudamiento insostenible” y solicitó no olvidar que “exportaciones, importaciones, crecimiento e inclusión social son complementarios y no sustitutos”. También hubo críticas del ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde, Jorge Remes Levicov, quien comandó la última megadevaluación que llevó adelante el país en 2002. “Sustituir exportaciones no tiene ningún sentido. Al contrario, creo que es muy perjudicial para el país porque uno exporta para poder conseguir divisas”, aseguró. También se expresó el titular de la Cámara de Importadores, Diego Pérez Santiesteban. “Lo más recomendable si se cierra un mercado, es tratar de buscar otro mercado externo, ahora, si se cierran todos juntos, hay que tratar de consumir en el mercado interno”, sostuvo en sintonía con las palabras de la Presidenta.

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-280924-2015-09-04.html

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Llaman a Colombia a tomar el control de su territorio




Caracas, 4 sep (PL) El vicepresidente de Venezuela, Jorge Arreaza, instó al Gobierno de Colombia a tomar el control de sus territorios fronterizos, dominados hoy por las mafias del contrabando, el paramilitarismo y el narcotráfico.

En un encuentro sostenido este jueves con representantes diplomáticos extranjeros acreditados en Caracas, afirmó que resulta inadmisible que en esa nación existan leyes que legalizan el contrabando de extracción de productos esenciales venezolanos, así como el ataque contra su moneda.

Apuntó que la violencia y la guerra interna, y sus problemáticas derivadas, han generado el desplazamiento de millones de personas hacia territorio de Venezuela, al punto que hoy el 20 por ciento de la población de este país es de origen colombiano.

Estos, dijo, han sido recibidos con generosidad y se benefician de nuestros programas sociales, los sistemas de salud, educación, y también se han incorporado a la producción.

Recordó que luego del cierre de la frontera en el estado Táchira, el pasado 20 de agosto, las fuerzas de seguridad bolivarianas capturaron a 32 paramilitares y se halló una fosa común con 13 cádaveres.

Al finalizar, insistió en la necesidad de que las autoridades colombianas realicen operativos en su lado de la frontera con el propósito de proteger de manera efectiva a la población de ambos territorios.

A la reunión, efectuada en la Casa Amarilla (sede de la Cancillería), asistieron 70 representantes diplomáticos y de organismos internacionales acreditados en el país.

lam/evm


http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=4127061&Itemid=1

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El terrorismo mediático



Aram Aharonian
América latina fue y es escenario privilegiado de ofensivas de la derecha pretendiendo restaurar el viejo orden neoliberal
No es casual: es la región donde la derecha quedó más desplazada, ya que viene perdiendo elección tras elección en los países con gobiernos progresistas. La ofensiva neoconservadora se basa en intentos de desestabilización política, desde la explotación de su arma más poderosa, el monopolio privado de los medios de comunicación.

Los intentos de restauración juegan todas sus fichas a ganar las elecciones, con candidatos jóvenes –que sugieren cambio–, con discursos tan vacíos como los de sus progenitores políticos, campañas de imagen a través de los principales medios audiovisuales, gráficos, cibernéticos y de calle y, cuando ven que no les alcanzan los votos, juegan a la desestabilización institucional, económica, política, usando todos los medios –incluyendo los menos éticos– para condicionar al gobierno progresista.

Los medios vociferan “fraude” desde meses antes de las elecciones, a sabiendas de que los votos no les alcanzan para desalojar constitucionalmente a los gobiernos que privilegiaron la equidad y la justicia social frente al pago de la deuda externa y la dependencia del capital financiero y los fondos buitre.

Brasil, pantalla, contra Dilma Rousseff.

Como ejemplo, tenemos los recientes de Ecuador, Bolivia, Brasil, Uruguay, Argentina y Venezuela. La derecha reacciona no solo con intentos de desestabilización de gobiernos que ponen en jaque a su frágil modelo neoliberal, sino también que pone en juego bloqueos a las nuevas posibilidades de construcción de alternativas. Lo más grave es que no presentan propuestas renovadoras y, por eso, la contraofensiva revela su corto aliento.

Emir Sader recuerda que la oposición brasileña intentó, hasta donde pudo, cuestionar la reelección de Dilma Rousseff, haciendo que el primer año de su segundo mandato sea un período de crisis, de amenazas de ingobernabilidad y de resistencia de parte del gobierno y del movimiento popular. Hasta que esa operación se agota, pero el gobierno sale de ella debilitado, presionado por las fuerzas de centroderecha hacia un pacto conservador a cambio de la recuperación de la gobernabilidad.

En Bolivia, los “cívicos” de Potosí, con una plataforma de reivindicaciones locales, hicieron una huelga regional y organizaron una marcha belicosa hacia la capital. En Ecuador, proyectos de impuestos a la herencia y al patrimonio, que recaen sobre el 2% más rico de la población, llevaron a que la oposición –sumándose, una vez más, sectores de la izquierda con la derecha– desatara una reacción amplia y violenta, que algunos llamaron un “levantamiento” en contra del gobierno.

En Uruguay, fue la central unitaria de trabajadores PIT-CNT, aliada a los gobiernos del Frente Amplio, la que organizó una huelga general para reflotar las reivindicaciones de los trabajadores y darle un parate al más cruento tratado de libre comercio (el TISA) que adelanta el gobierno supuestamente progresista de Tabaré Vázquez.

Pero esta ofensiva conservadora no se da solo por estos lares. Miremos si no a España y Grecia, dos países europeos donde surge una nueva izquierda ante el agotamiento de los partidos tradicionales y su cantinela permanente de sus planes de austeridad y ajuste (de los cinturones de las clases populares, claro), donde la derecha retomó su ofensiva. El delito de Syriza y Podemos fue, precisamente, cuestionar la austeridad y sumar el descontento generalizado de la población. Moraleja: la Unión Europea actuó con toda su brutalidad para derrotar y humillar al nuevo gobierno griego e intenta demostrar a toda Europa que fuera de la austeridad no habría vida posible.

Todo lo que se hace en Grecia y en España representa el capítulo europeo de la contraofensiva conservadora global, que tiene en América latina su epicentro, porque es en esa región donde el modelo neoliberal es más fuertemente cuestionado.

Aérea. Helicópteros para Cidade Alerta.

Hoy nadie duda de la creciente y orgánica participación de los medios de comunicación cartelizados –nacionales y extranjeros– en la preparación y el desarrollo de las guerras y planes desestabilizadores. Hoy, los medios comerciales –que tomaron como rehén a la libertad de expresión– se convertieron en verdaderas unidades militares: ya no hace falta ningún Pinochet o Videla, para imponer modelos políticos, económicos y sociales. Hoy el escenario de guerra se traslada al espacio simbólico, a la batalla ideológica, a la guerra cultural.

Y las armas para luchar en esta batalla, por lo tanto, son otras: micrófonos, computadoras, teléfonos, cámaras de video. La guerra es por imponer imaginarios colectivos, a través de los medios cibernéticos, audiovisuales y gráficos, que se volvieron despóticos y despiadados, como nunca lo llegó a ser reyezuelo o dictadorzuelo alguno.

Un fenómeno con historia

Pero el terrorismo mediático no nace en el siglo XXI. El arte de la desinformación fue un elemento clave en todos los conflictos bélicos desde la antigüedad. Hablamos de hace tres mil años: ya entonces no se trataba de escribir la realidad de los hechos, la historia verdadera, sino la de conformar percepciones, imaginarios colectivos de la sociedad a favor, claro, de la cultura dominante, de los poderes fácticos, incluidas –en tiempos más recientes, hacia el siglo XVII– las diversas iglesias.

Es claro que las agencias internacionales de noticias surgieron para afianzar el poder colonial de las potencias europeas, sobre todo en África y Asia. Y también es claro que cada vez que surge un conflicto, la prensa del sistema es la encargada de silenciar cualquier opinión independiente, eliminar el debate y el disentimiento para orquestar las respuestas emocionales en masa a sus intereses.

Al inicio de la década de 1960, el terrorismo mediático cayó con todos sus misiles contra la Revolución Cubana, mucho antes de los atentados contra las torres gemelas de Nueva York (2001), lo que dio lugar a que Washington montara una típica acción de terrorismo de Estado a escala global.

Espectáculo. Guerra del Golfo, en cadena.

En 1991, en ocasión de la primera Guerra del Golfo, el Pentágono había logrado convertir el conflicto en espectáculo para las grandes masas de televidentes a nivel global, difundiendo mentiras, medias verdades y tergiversaciones, que años después de consumarse los hechos, se vino a corroborar que eran falsedades (los bombardeos eran fuegos hollywoodenses de artificio) convertidas en verdad única, mensaje único, imagen única.

En 1982, los británicos habían aplicado la férrea censura de prensa y la verdad oficial durante el conflicto con la Argentina en el Atlántico Sur, experiencia que sirvió para su aplicación posterior en Granada, Somalia, Irak, Afganistán y muchas otras regiones. Hoy, este tipo de operaciones psicológicas acechan en la región a los gobiernos progresistas, con actos desestabilizadores y golpes de Estado, mediáticos para unos, suaves para otros. Duros para los pueblos.

Hoy, el frente de la derecha latinoamericana y mundial –incluyendo el gobierno de los Estados Unidos, algunos de sus incondicionales de la región y otros de la Unión Europea– tomó protagonismo activo desde febrero de 2014 en sus ataques mediáticos contra la Revolución Bolivariana. Las tres redes privadas más importantes de diarios de Latinoamérica se unieron para “difundir informaciones (léase manipulaciones, distorsiones, mentiras, difamaciones) sobre la situación en Venezuela”. Internamente, las campañas de prensa quieren provocar cansancio en los ciudadanos, en el exterior sembrar un imaginario colectivo de represión, autoritarismo, una sensación de caos e ingobernabilidad.

Pero esta historia vuelve a repetirse, por ejemplo, en el sur del sur. El conglomerado periodístico que encabezan el Grupo Clarín y La Nación, seguidos de un ejército de expresiones informativas dependientes de ellos y que apuntan a la desestabilización en torno del tópico económico y social, insisten en crear escenarios de temor e incertidumbre.

Se trata de una meditada estrategia desplegada por los grupos mediáticos concentrados y cartelizados para desacreditar al Gobierno y crear las condiciones de manipulación social necesarias para llevar adelante un golpe económico o de mercado, contra las instituciones y la Constitución. La advertencia es clara: la sociedad debe estar alerta ante hechos que podrían traducirse en una ofensiva de­sesperada y aventurera de los sectores más conservadores del privilegio, históricos violadores del Estado de derecho.

Ofensivas mediáticas: Viejo bueno. Campaña a favor de Griesa

La Argentina afrontó en 2014 una extorsión financiera sin precedentes. Los especuladores que compraron bonos de la deuda por 48 millones de dólares lograron en Nueva York una sentencia de cobro por 1.500 millones. Este fraude retrata cómo funciona el capitalismo actual, sistema que empuja a nuestros países a más y más padecimiento. Los buitres se disponen a repetir el mismo despojo que ya realizaron en otros lugares, como Perú, y amenazan a toda la región.

Aunque el escenario afectara a la Argentina, deja bajo la garra de estos rapaces cualquier deuda soberana. En 2014, la deuda representaba el 104% del Producto Interno Bruto en los Estados Unidos, 93% en España, 132% en Italia, 129% en Portugal, 78% en Alemania, 175% en Grecia, 123% en Irlanda, 90% en Reino Unido. El precedente de este fallo judicial va mucho más allá del perjuicio contra la Argentina y pone en riesgo cualquier futura reestructuración de deuda con la mirada puesta en la periferia europea.

Paralelamente, en Brasil se de­sató desde el año pasado una furiosa ofensiva mediática contra la estatal petrolera Petrobras, apoyando las demandas del fondo buitre Aurelius. La crisis por la corrupción en la petrolera estatal, que involucró a políticos y grandes empresas, junto a un ajuste económico dispuesto por la presidenta Dilma Rousseff al comienzo de su segundo mandato, desataron una ofensiva mediática para lograr su destitución.

Existe, sin dudas, un intento de provocar un descalabro financiero en la región, con apoyo de sectores internos que colaboran con esos intereses sin cuestionar sus “prácticas mafiosas”. Hay una estrategia más generalizada que está utilizando la cuestión financiera como campo de batalla contra determinados procesos políticos. El año pasado, trataron de llevar a la Argentina al default y atacaron a Brasil y a Ecuador. Es una guerra sin armas, desde el terreno judicial y con objetivos políticos.

A nadie puede extrañar que los medios hegemónicos argentinos hayan manejado la información y opinión para cooptarse con la posición de los acreedores, denigrando y tratando de ridiculizar la posición de su país e invisibilizando o minimizando la información referida a los apoyos solidarios recibidos de todos los países latinoamericanos y caribeños, del Grupo de los 77 (más de 120 países en desarrollo más China), y de los Brics, entre otros. La apuesta de las transnacionales y de los fondos buitre, refrendada cartelizadamente por los grupos mediáticos hegemónicos a nivel regional, internacional e interno, fue la de crear zozobra en la población ante una “inminente” corrida bancaria y cambiaria, ante el embargo de activos petroleros nacionalizados. Y el libreto se repite en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil.

El concepto de terrorismo mediático está relacionado con un entramado de estrategias políticas, económicas, sociales y psicológicas que buscan crear realidades ficticias, miedos colectivos y convertir mentiras en verdades que permitan manipular a la sociedad de acuerdo con el conflicto y al enemigo en cuestión. 

Si se parte de la idea de que para el poder todo sujeto que considere una amenaza a sus intereses se concibe como enemigo de guerra, entonces el terrorismo mediático parte de que la guerra psicológica utiliza una caracterización simplista y maniquea (bueno/malo, negro/blanco) para describir al enemigo.

“El propagandista debe utilizar las palabras clave capaces de estigmatizar al contrario y de activar reacciones populares. En realidad, de lo que se trata, al utilizar el mito de la guerra, es de satanizar al adversario, arrancarle todo viso de humanidad y cosificarlo, de tal modo que eliminarlo no equivalga a cometer un asesinato”, señala el escritor y periodista uruguayo Carlos Fazio.

Estos terroristas mediáticos de hoy son los traficantes de siempre: drogas, armas, desinformación y terrorismo mediático son productos vendidos en el mercado libre para el consumo de nuestras sociedades, muchas veces con la lamentable complicidad de seudocomunicadores sin ética ni conciencia social, convertidos en sicarios de sus patrones, que los desechan cuando ya no les son rentables para sus intereses y propósitos.

Es un Plan Cóndor simbólico. La pregunta es si la región está preparada para enfrentar esta restauración del viejo orden conservador o se conformará con la mera denuncia.

Miradas al Sur






http://www.lahaine.org/mundo.php/el-terrorismo-mediatico

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Aylan Kurdi, símbolo de la barbarie imperialista




Una imagen ha dado la vuelta al mundo. Las redes sociales y la prensa recogían la instantánea en la que Aylan Kurdi, un niño sirio de apenas 3 años, yacía muerto tras ahogarse en el mar, a pocos metros de la costa.

Muchos han sido los usuarios de las redes sociales que han mostrado su horror e indignación ante tal tragedia. De repente, esa imagen ha entrado en las mentes y hogares del “primer mundo”, abriendo los ojos y agitando las conciencias del viejo continente.

A pesar de este aparente “despertar colectivo”, la mayoría de usuarios y grandes medios de comunicación han obviado la principal causa que ha originado esta oleada masiva de refugiados hacia las puertas de Europa, un hecho histórico sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Exclamaciones contra las “guerras” y los “conflictos armados” y palabras y manifestaciones en favor de la caridad, la atención y la acogida humanitaria han sido la reacción habitual estos últimos días.

Sería bueno, sin embargo, destacar una serie de informaciones que pueden ayudar a entender el origen de este éxodo.

Datos recientes de Acnur (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) del informe “Tendencias Globales 2013″ [1] indican que el nivel de desplazamiento de personas en el año 2013 fue el más alto desde que se realizan estadísticas globales sobre desplazamiento forzado en el mundo: 51,2 millones de personas en total, de las cuales 16,7 millones son consideradas como refugiados.

El estudio señala, además, que los principales países de origen de estos refugiados son Afganistán (2,56 millones), Siria (2,47 millones) y Somalia (1,12 millones), lo que significa que sumados más de la mitad (53%) de los refugiados de todo el mundo proceden de estos tres países.

Casualmente, estos territorios han sido víctima directa de agresiones imperialistas muy variadas en los últimos años: invasiones, despliegue de tropas foráneas, bombardeos con aviación convencional y drones (aviones no tripulados), así como financiamiento de grupos armados de mercenarios con el objetivo de derrocar el orden constitucional.
Afganistán, la guerra contra el terror

El 7 de octubre de 2001, Estados Unidos y sus aliados (Reino Unido y Canadá), invadieron Afganistán en el marco de la llamada “Operación Libertad Duradera”, usando como pretexto los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ese mismo año el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas avaló la intervención mandando tropas al país bajo el paraguas de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF). En 2003 la OTAN se sumó a la invasión.

Desde 2006, Afganistán es claramente un país quebrado con un débil gobierno, se ha disparado la producción y tráfico de drogas y se ha incrementado la violencia fruto de las pugnas entre grupos armados.
Siria, la supuesta guerra civil

Desde el 15 de marzo de 2011, algunos países occidentales y monarquías árabes absolutistas financian y arman a grupos terroristas en la República Árabe Siria con el objetivo de derrocar al Presidente constitucional del país, Bashar Al Assad, debido a su perfil antiimperialista y no afín a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, la Unión Europea y otros actores de la región como Israel, Turquía, Arabia Saudita o Qatar, entre otros.

Los grandes medios de comunicación occidentales venden esta nueva maniobra imperialista como si se tratara de una guerra civil, un conflicto interno donde una parte de la población se rebela frente al “tirano”. Sin embargo, la propia Hillary Clinton, admitía recientemente que el Departamento de Defensa estadounidense está financiando a la oposición armada siria, con adiestramiento de tropas y entrega de dinero y armamento para el combate.
Somalia, la intervención humanitaria

Desde 1992, la presencia de tropas estadounidenses en suelo somalí bajo el pretexto “humanitario” ha sido una constante. Pero tras esa misión de fachada solidaria se esconde, como siempre, el interés por el control de los recursos naturales y de zonas geoestratégicas. Es conocido que Somalia cuenta con grandes reservas de gas y petróleo; en 1986 el gobierno concedió a 4 grandes corporaciones el permiso para la extracción de crudo: Conoco, Amoco, Chevron y Phillips, que controlaban el 75% de los campos petrolíferos. Además, tiene reservas de uranio, hierro, estaño, bauxita, cobre y sal.

Por si fuera poco, por Somalia pasa el tráfico de mercancías del Mar Rojo, un 13% del tráfico marítimo mundial, que incluye el petróleo de Oriente Medio. De ahí la intervención estadounidense: hay que evitar que el país caiga en manos no afines a los intereses de la Casa Blanca.
Una conclusión inevitable

Resulta difícil, entonces, no vincular los datos ofrecidos por Acnur con las injerencias extranjeras sufridas en los tres primeros países que figuran en el documento de Naciones Unidas como principales exportadores de refugiados en el mundo.

Así, sería ingenuo, injusto y parcial limitarse a hablar de conflictos internos, guerras y migraciones motivadas por cuestiones puramente económicas.

Este vergonzoso éxodo, que ha indignado a la opinión pública internacional, no puede ser mal interpretado y respondido tan solo con una reacción paliativa.

La izquierda política, los movimientos sociales y las organizaciones internacionalistas deben leer correctamente los hechos y denunciar con contundencia lo que es en realidad una bochornosa evidencia: el mundo es hoy un polvorín fruto de las guerras de saqueo y rapiña. La solución no es exclusivamente humanitaria. Y la muerte de Aylan Kurdi es, en realidad, el símbolo de la barbarie imperialista, la verdadera raíz del problema.

Oriol Sabata







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El Opus Dei, la mafia sagrada




Fue un sacerdote español, Josemaría Escrivá de Balaguer, quien fundó en los años 30 del siglo pasado esa secta político-religiosa denominada Opus Dei, que puede traducirse al nombre arrogante y vanidoso de la ‘Obra de Dios’.

Ubicado en el ámbito y los alrededores de la Iglesia católica, el Opus Dei tiene estructura propia, virtualmente secreta. Concebido como mecanismo de influencia y captación del poder político dondequiera que existe y opera, su red se tiende para pescar adeptos dentro de las élites sociales y económicas de los diferentes países. Nadie conoce líderes u organismos que la secta haya desarrollado entre los pobres y desheredados, ese mundo de dolor y lágrimas en el cual se desenvolvió la prédica y la acción del Rabí de Galilea, cuyo nombre se utiliza con fines de propaganda y de disfraz. Una prueba contundente del verdadero carácter de esta ‘mafia sagrada’, como la bautizaron autores católicos, es el apoyo que el fundador brindó al Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, que tiranizó y ensangrentó España durante cuatro décadas, primero con el apoyo de Hitler y Mussolini, luego con el sostén económico y militar de Estados Unidos.

En nuestro país se conoce apenas acerca de la composición del Opus Dei. Entre los pocos nombres que se han publicitado figuran los de Antonio Arregui y Guillermo Lasso, triste honor que ellos jamás han desmentido. ¿Qué hacen, qué proyectan, dónde se reúnen en nuestro medio los miembros de la ‘mafia sagrada’? Nadie lo sabe. Por nuestra parte, conocimos años atrás que a una mansión campestre cercana a Quito, camino de Cunucyacu, los fines de semana ingresaban sigilosamente carros de lujo pertenecientes a miembros de la secta.

Grandes portones, arboledas y guardianes de lujo impedían la vista a los curiosos. En todo caso, el rol político del arzobispo Arregui es perfectamente conocido. Siempre se halla junto a la oligarquía porteña, al punto de haber sido el presidente del comité que recogía fondos para la erección del famoso monumento a León Febres-Cordero; de allí que no resulta raro que hoy acolite las andanzas preelectorales del banquero Guillermo Lasso, lo cual, por otra parte, tiene pleno derecho a hacerlo dentro de la democracia que vivimos.

La ocasión sirve para destacar algo trascendental, más allá del debate en que están envueltos el Gobierno y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, a propósito de las declaraciones del Arzobispo propiciando la política de calentar las calles (puesta en juego por la derecha), y de las desafortunadas expresiones de Alexis Mera, abogado de la Presidencia, al calificar de ‘recadero de la derecha’ al prelado del Opus Dei, de modo poco original, pues fue el presidente Jaime Roldós, quien llamó a Febres-Cordero ‘insolente recadero de la oligarquía’.

Algo trascendental, decimos, y con ello queremos aludir a la necesidad de recuperar en forma clara y decidida el carácter laico del Estado ecuatoriano, que tanto sacrificio le costó a nuestro pueblo y por el cual se agotaron e inmolaron varias generaciones, encabezadas por Eloy Alfaro. Esto debe hacerse sin vacilaciones, pues el espíritu de García Moreno siempre acecha, ocultándose detrás del Corazón de Jesús para dar el zarpazo y volvernos al tiempo de las cavernas; a ese Ecuador que el Santo del Patíbulo, según Juan Montalvo, dividió en tres porciones: una destinada al encierro, otra al destierro y la tercera al entierro.

Eso es lo que busca la restauración conservadora, de brazo de la restauración neoliberal, ambas representadas por el golpismo que bate sus tambores en las calles, dispuesto a cortar cabezas con la bendición de san Josemaría Escrivá de Balaguer, que pontífices anteriores a Francisco elevaron a los altares. 






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El gobierno de las muchas: sobre unidad, confluencia y multiplicidades




Vivimos en un país que acostumbra a utilizar las elecciones municipales para enviar mensajes a las élites conservadoras. Con sus enormes distancias, el 12 de abril de 1931 y el 24 de mayo de 2015 serán recordados por ello. Pero también se ponen sobre la mesa envites que tienen que ver con la (renovada) forma de hacer política. No se repiten tal cual los debates de antaño, claro está, pero sí me atrevo a señalar que hay discursos que vuelven y encrucijadas que nunca se darán por vencidas. Unidad, confluencia o la multiplicación de otras sociedades eran demandadas por republicanos, marxistas de diferente signo y anarquistas, amén de quienes enarbolaban también banderas nacionalistas.

Hoy este país es bastante más complejo y son diversos los frentes que se señalan en este tiempo de transición. Consecuencia natural de sociedades que fomentan identidades más líquidas, donde priman vitalmente los relatos a corto plazo, la movilidad real o virtual. Es una constante, así como las precariedades que desordenan vidas y serenidades mentales. Pero también, destaco, es resultado de la existencia de una verdadera revolución neoliberal que ha constitucionalizado los derechos de los ricos y exportado hacia los mercados financieros la capacidad de decisión y de maniobra de las instituciones públicas. A lo que habría que añadir un largo ciclo de movilizaciones, siendo el 15M su hito más significativo, que ha hecho del protagonismo social una seña de identidad de las nuevas formas de hacer política.

Sin embargo, con todos los matices y distancias, ahí vuelve a estar un debate, actualizado y reinterpretado, insisto, sobre qué hacer y cómo articular el descontento social, mayúsculo y mayoritario. El 24 de mayo ha resuelto la primera de las grandes disyuntivas: ¿la (nueva) política es cuestión de procesos o de métodos (tecnocráticos)? Podemos se inclinaría a señalar las bondades de la segunda opción: énfasis en discursos que apelan al sentido común y a la puesta de largo de otra transición frente a la corrupción de la 'casta', esferas de participación fundamentalmente virtuales. El objetivo era, y sigue siendo, alcanzar un poder electoral en las próximas generales. Otra cosa será, claro está, el poder político, la capacidad real de cambio. Y jugó, acertadamente pienso, las potencialidades de los medios de masa para romper viejos esquemas que no suscitaban adhesión entre la tribu descontenta. El método se apoyó, fundamentalmente, en la llamada “hipótesis populista”. Recuerda el método, pues de aquellas tierras viene, a los inicios del peronismo argentino, el cual se apoyaba en la idea de la Tercera Posición (no somos ni soviéticos, ni yanquis) y de Comunidad Organizada, pueblo distribuido en asociaciones que habría de articular un nuevo Estado, más social y valedor de la clase trabajadora, pero de clara voluntad verticalista. Recuerda, pero nuevamente hay distancias. La presencia de internet y el bagaje auto-organizativo del 15M, más esos medios y esos discursos cimentados en conectar de forma ambigua diferentes descontentos, dieron sus frutos. Sin embargo, la irrupción de Ciudadanos, la sucesión de ataques mediáticos y el desgaste resultante de centrar todas las expectativas en unas elecciones aún por venir, han resquebrajado los frágiles suelos electorales que llegaban a situar a Podemos como primera fuerza a batir.

El método, cuando la política se proclama emancipatoria y radicalmente democrática, sólo es válido en presencia de un proceso fuerte, creativo y constantemente deliberativo en sus horizontes estratégicos (otra cosa es la táctica, que señalara para el amor el poeta Benedetti). Y ésta es una de las lecciones que ha puesto de manifiesto el 24 de mayo, tanto en las urnas (votos), como en los propios procesos de confluencia desde la diversidad que se han vivido en Barcelona en Comú, Ahora Madrid, aparte de los diferentes Sí se puede, Ganemos o Aranzadi como plataformas o agrupaciones electorales. El debate sobre el “qué hacer” parece trasladarse hacia la idea de “candidaturas populares” con el objetivo de confluir. Pero, ¿qué significa “confluir” para los diferentes sujetos? Aquí, de nuevo, se restaura la vieja idea de lo uno, de raigambre marxista-leninista: marchar separados, pero golpear juntos.

Los actuales dirigentes de Podemos apuntan a que este puño unitario (electoralista) es la solución y ya tiene nombre: el suyo, al que se podrían incorporar siglas que sirvieran para territorializar el método. Pero las nuevas corrientes municipalistas comenzarán a interpretar y a poner sobre la mesa sus consideraciones sobre “la confluencia”, tan pronto le tomen algo el pulso a las instituciones. Algunas y algunas se situarán en el otro extremo del método unitario, y volverán a retomar aquella idea de “la nube de mosquitos”, que popularizara Naomi Klein a propósito de las cumbres “antiglobalización” de inicios de siglo. Ciertas reminiscencias libertarias, como también corrientes más autónomas en lo que toca a organizarse socialmente estarán felices con esta idea. Para los sectores “exitosos” en las candidaturas abiertas o de unidad popular, la idea zapatista de “los rebeldes se buscan” será un buen arranque para el proceso, más bien una continuación de lo vivido en las municipales. Claro está, habrá que discutir el propio método del proceso, pero que la política es un proceso y que esta nueva política nace desde abajo no podrá discutirse. Porque así lo han hecho estas candidaturas municipalistas emergentes, que han concitado el apoyo de Podemos, pero también le obligan a repensar sus formas de caminar.

Así lo ha llegado a decir el propio Juan Carlos Monedero en su salida de los círculos directivos, en línea de lo que ya escribiera hace unos años: “Calzar a la fuerza zapatillas, como los príncipes caprichosos de los cuentos, hace sangrar los pies de las candidatas”. Ada Colau lo tiene claro: “La ciudadanía ha ido por delante de las instituciones en la defensa de los derechos... Y ese ciclo no está agotado”. La apuesta de Guanyem en sus inicios, así como la primera actividad pública de la alcaldesa como activista frente a una amenaza de desahucio, corroboran esa idea de la necesidad de procesos desde abajo. Algo que parece estar también en la base del manifiesto 'Abrimos Podemos', al apelar a que el partido sea referente de “la gente común haciendo política”. Y más escorados hacia la idea de crear sociedad al margen de las instituciones también tendremos propuestas que se salen de la dimensión electoral y que encontrarán apoyo en la idea de radicalizar la democracia dentro y fuera de las instituciones municipales. Me refiero aquí a proyectos de matriz anarquista como Construyendo Pueblo Fuerte. Pero también a corrientes municipalistas que no ven la posibilidad de un proceso electoral separado de procesos sociales que lo respalden. No es cuestión de electores, es cuestión de tener o no empuje social con el que plantear otros mundos y rechazar las embestidas mediáticas, financieras y amordazantes de las élites conservadoras.

De lo anterior me atrevo a colegir que, superada la idea fugaz de la política como “método tecnocrático”, se retoma la senda de la política (emancipatoria) como articulación de procesos de descontento. Y en esta nueva era, donde la hipersensibilidad frente al poder y el protagonismo social (democracias de alta intensidad, diría Boaventura de Sousa Santos) son elementos clave. La confluencia ha de entenderse desde la multiplicidad, que no multitud difusa. Y desde el reconocimiento de que la multiplicación de esferas de participación social y política es la antesala (no el brazo ejecutor) de la posibilidad de impulsar cambios políticos reales. Podrá ser Podemos más “algo”, podrá ser un paraguas de nuevo cuño, podrán ser varios espacios que tejen una red de confluencias, pero dudo que sea algo realmente relevante (electoralmente, al menos) si no consigue crecer desde la idea de un gobierno de muchos y de muchas, desde una politización de necesidades sentidas acuciantemente por la población y desde el desapego hacia métodos autoritarios que funcionan según las directrices de un club privado.

Cuestión de proceso, efectivamente. Rimas rebeldes: poesía social. Blas de Otero viene al caso con respecto a los adalides de los métodos absolutistas: “No sigáis siendo bestias disfrazadas de ansia de Dios. Con ser hombres os basta”. Hombres que han visto como muchas mujeres están más cerca de los horizontes de cambio de la nueva política, que exige más capacidad de inclusión desde la diversidad, desde los múltiples abajo. En el “gobierno de las muchas” andamos. Hacia dicho gobierno deberíamos seguir construyendo.

Más información: Encuentro sobre Municipalismo transformador en Córdoba, 18 y 19 de septiembre: https://www.facebook.com/cordobamunicipalista?fref=ts

Ángel Calle Collado, profesor en la Universidad de Córdoba e integrante de Ganemos CórdobaFuente: http://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/27286-gobierno-muchas-sobre-unidad-confluencia-y-multiplicidades.html


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Chejov en el penal de Sajalín




Antón Pávlovich Chéjov sólo vivió cuarenta y cuatro años, por una tuberculosis que lo llevó a la tumba, pero nos ha dejado delicadas estampas de la Rusia de su tiempo, desgarradores relatos sobre la ferocidad de su siglo, piezas teatrales conmovedoras y una comprensiva mirada sobre la gente que intentaba vivir bajo un imperio extenuado y unas décadas sin apelación, intentando capturar la vida que, según él, autores como Ibsen desconocían. Su abuelo fue un mujik que había comprado su propia libertad, y Chéjov nació y creció en Taganrog, en el mar de Azov, como Sedov, el explorador ruso del Ártico. A Antón Pávlovich le gustaba caminar por las praderas que habían recorrido los escitas, tierras llenas de hierbas olorosas, ruda, ajenjo y vendaval; descansar en los trigales, soñar el mundo subido a alguno de los carros de bueyes que utilizaban los campesinos, y navegar por las aguas perdidas del Azov. Era un hombre paciente, aunque poco inclinado a la veneración acrítica del pueblo ruso, a las austeras ideas tolstoianas; por eso, escribió: “algo me dice que hay más amor a la humanidad en la energía eléctrica y la máquina de vapor que en la castidad y la negativa a comer carne”. Hasta 1879 no se trasladó a Moscú. Era un joven de diecinueve años que empezaba a estudiar medicina, y que, después, comenzó a escribir relatos para ganar algunos rublos. 

No le fue mal, pese a las estrecheces: con treinta años era ya un reconocido escritor, había recibido el premio Pushkin y sus obras teatrales le habían hecho popular, aunque también cosechó sonoros fracasos, como el estreno de La gaviota, que le hizo asegurar a su editor, Alekséi Suvorin, que abandonaba el teatro, por más que, después, Stanislavski la haría triunfar en el Teatro del Arte. Gracias a su éxito literario, pudo descansar de la medicina. Interesado por el mundo, estuvo en Moscú, San Petersburgo, Yalta, Odessa, Mélijovo, y también en Francia, Italia, Alemania. Como creía que los rusos debían ir a Sajalín igual que los turcos van a La Meca, Chéjov decidió viajar al infierno: documentó concienzudamente el objeto de su viaje, una isla perdida en el oriente, y trabajó en el libro a lo largo de varios años, mientras atendía a enfermos de cólera y a hambrientos.

En la casa moscovita donde vivió Chéjov, en Sadovaya-Kudrinskaya, hay ahora un museo a su memoria. Como en Sajalín, donde hicieron otro. Desde esa casa donde ahora vemos sus gafas y el escritorio verde que utilizaba para trabajar, partió hacia el extremo oriente ruso, en 1890, con treinta años. El libro que escribió sobre su experiencia en la isla del penal es probablemente la obra que más trabajo le dio, y tardaría casi cinco años en publicarla. Entre tanto, aparecerían otras, como El pabellón nº 6, donde Chéjov esboza un hospital hundido en el abandono, con un médico, Andréi Efímich Raguin, que intenta cambiar las cosas, aunque fracasa, relato que tanto impresionó a Lenin; y El duelo, y Relato de un desconocido, entre otras. Se casó, apenas tres años antes de morir, con la actriz Olga Leonárdovna Knipper , y, en 1902, dimitió de la Academia Rusa en protesta por la negativa del gobierno a aceptar a Gorki como miembro. Murió en un sanatorio alemán, en Badenweiler, atrapado por la tuberculosis, y acabó enterrado en Novodévichi, junto a Gógol.

* * *

En abril de 1890, Chéjov emprende el viaje a Sajalín, una larga isla de mil kilómetros situada al norte del Japón, mayor que Bélgica y Holanda juntas, con más de tres mil kilómetros de costas, que debía su nombre a una confusión: enviados del emperador chino Kangxi trazaron un mapa donde, frente a la desembocadura del Amur, escribieron: Saghalien-angahata (las rocas del río negro) nombre que llegó a Francia y se popularizó. Apenas unas décadas antes del viaje de Chéjov, se consideraba que Sajalín era una península, hasta que el explorador ruso Guennadi Nevelskói demostró su insularidad. Era “un viaje al infierno”, como el propio escritor lo definió, una expedición a la kátorga, a la desesperación, al siniestro destino reservado a miles de condenados.

La decisión de viajar a Sajalín pudo deberse al pesar por la muerte de su hermano Nikolái, y, sin duda, por interés científico. Se preparó antes a conciencia, leyendo los libros de exploradores rusos, la literatura jurídica, volúmenes geográficos, botánicos y de zoología. Chéjov ya sabía que tenía tuberculosis en el momento de su marcha, que eligió cuando los vapores ya podían navegar por el Volga y por los infinitos ríos siberianos. Aún no existía el ferrocarril transiberiano, de manera que el viaje debía hacerse en coches de caballos, en vapores, en precarios carruajes. Era un viaje de seis meses que, según confesó a su amigo y editor Alekséi Suvorin le iría bien, dado que, como le dijo, era ucraniano y se había vuelto perezoso, y, además, quería ver el lugar donde el imperio zarista había condenado a miles de personas. Otros habían escrito antes sobre el universo de las prisiones siberianas: ahí está la obra de Dostoievski, Memorias de la casa muerta; la de Kropotkin, En prisiones rusas y francesas; y Siberia y el penal, de Serguéi Vasilievich Maksímov, entre otras. Si Kropotkin pudo estudiar las prisiones siberianas de la Transbaikalia, cuando era ayudante del gobernador, Chéjov iba a hacerlo como un visitante, como un escritor que, a diferencia de otros, pensaba volver de Siberia.

La ruta que Chéjov preparó era un periplo excesivo: cruzó en tren la Rusia europea, medio continente, por Vladímir y Nizhni Nóvgorod, para llegar a Kazán, donde se embarcó en un vapor por los ríos Volga, primero, y Kama, después, para alcanzar Perm (¡que, muchos años después, se llamaría Molótov!). Le faltaba atravesar Siberia. Llegó en tren a Yekaterinburg, y a Tiutmen y Tomsk en coche de postas. Tardó dos semanas más en llegar a Irkutsk, por carreteras infernales; atravesó el Baikal en un vapor y, a uña de caballo, llegó a Sretensk (en la ribera del Shilka, un afluente del Amur), sobre Mongolia. Navegó después en un vapor por el Shilka, hasta llegar al gigantesco Amur, o Heilongjiang, el río que separa Rusia de China, y, tras cambiar de barco en Blagovéshchensk, siguió hasta alcanzar Javarosvsk. Un mes después de la partida de Irkutsk, arribó a Nikolaevsk-na-Amur, una pequeña ciudad “abandonada y moribunda”, en la desembocadura del río, en el mar de Ojosk. Finalmente, el 11 de julio, llegó a Sajalín. Desde Moscú, Chéjov había tardado ochenta y dos días en llegar a su destino, más que Phileas Fogg en dar la vuelta al mundo.

Desde el primer día, Chéjov se aplicó al trabajo que había decidido hacer: describió la isla de Sajalín, un lugar donde nieva hasta junio y donde los habitantes se entretenían con el aristón; examinó los penales y las viviendas campesinas, las celdas de los condenados y las chozas de los colonos, comprobó los malos tratos y torturas que infligían a los presos, vio la desesperada situación de las mujeres y los niños, y se asomó a la taiga en llamas; además de interesarse por la vida de los nativos originarios de la isla, por la existencia en aquel mundo aislado y perdido, incluso por las fugas de algunos condenados, y quiso presenciar el castigo a un preso, la ignominia de los feroces latigazos sobre un ser humano indefenso que aplicaban las autoridades bajo el imperio del zar. Cuando el gobierno imperial decidió construir un penal en Sajalín, asignó una norma al presidio que iba a convertirse en un rasgo que produciría escalofríos: “una prisión, con agua alrededor, y, en medio, el infortunio”, aunque el estrecho que separa la isla del continente se hiela en invierno y los trineos podían transitarlo. Los presos aman la libertad, y muchos iban a buscarla, casi siempre sin conseguirlo, huían por la dura taiga de Sajalín que destrozaban los pies, por los pantanos, las ventiscas, desafiando a los osos, el hambre, los mosquitos, que evitaban más fugas de presos que el propio mar. Pese a todo, cada mes se evadían varias decenas de presos, y, en los meses de verano, podían fugarse más doscientos. Muchos perecían por hambre, o bien, con los pies congelados o heridos y el cuerpo destrozado por las picaduras de mosquitos, intentaban volver a las prisiones, optando por una vida abyecta y miserable antes que por una tumba en la nieve. Chéjov concluyó que tres de cada cinco presos intentaban la huida, y, a pesar de ser una isla, Sajalín perdía la tercera parte de los fugitivos: tal vez morían; algunos, conseguirían llegar al continente.

Antón Pávlovich escuchó historias de depravación, desgracias inhumanas; supo de un comerciante que forzaba a pagar impuestos a habitantes de la isla, que, si se resistían, eran torturados y ahorcados; vio condenados que parecían demonios de Lérmontov. Con una rara disciplina, apuntó cada vivienda, cada persona que vivía en ellas, anotó sus ocupaciones, sus propiedades, el interior de sus casas, la dureza de la vida campesina, la difícil tarea de desarrollar la agricultura en un medio frío y hostil. Se interesó por la gente común, los condenados. No era fácil que los desgraciados le abriesen sus almas, pese a la carta de presentación del gobernador, y Chéjov no siempre conseguía saber qué circunstancias les habían llevado a Sajalín, ni era sencillo escribir sobre ello; no en vano, cuatro años después del viaje, le diría a su editor Suvorin que “es más sencillo escribir sobre Sócrates que sobre una señorita o una cocinera”, aunque se acercó a sus más íntimos sentimientos, igual que Ostrovski había comprendido a los pequeños burgueses rusos cuyo único sueño era enriquecerse. Era una tierra dura. Chéjov discrepó de quienes veían en las pieles de animales o en el carbón la principal riqueza de Sajalín: creyó que su futuro sería la explotación del pescado, maravillado por la extraordinaria abundancia de keta (un tipo de salmón) un pez que remonta los ríos, y por los gigantescos bancos de arenques que hacían que el mar pareciese hervir. No podía imaginar un futuro de gas, petróleo y caviar, como el Sajalín de hoy.

En Aleksándrovsk, frente al estrecho de Tartaria, estaba la administración central de la isla. Chéjov vio pasar a los presos ante su ventana, aunque circulaban libremente y trabajaban, y no siempre llevaban los grilletes. Aleksándrovsk tenía una cárcel con más de dos mil presos, aunque menos de la mitad dormían en ella, y un cuartel para quinientos soldados. Allí estuvo alojado Chéjov buena parte de las semanas que permaneció en Sajalín, y situaría su cuento Un asesinato. El hambre, los malos tratos, la prostitución de las mujeres, eran habituales. Chéjov relata la existencia de burdeles, e incluso, en Slobodka, encuentra una casa de lenocinio establecida por una mujer libre que utilizaba a sus propias hijas. Los presos de la cárcel de Aleksándrovsk no llevaban cadenas, podían salir sin ser vigilados, aunque quienes habían intentado fugarse estaban encerrados en celdas, con grilletes. Los condenados iban cubiertos de harapos, dormían sobre sus ropas húmedas, que no podían secar, tenían piojos e iban sucios, en medio de un aire viciado y un olor repugnante: la vida más abyecta que, como escribe, es una lacra que debe terminar. En toda la isla había cinco mil novecientos presos (de ellos, noventa y uno eran nobles), y menos de cuatrocientos eran condenados a cadena perpetua; casi la cuarta parte de los presos vivía fuera de las cárceles, en isbas propias. Cuando cumplían la pena, se convertían en colonos, y, tras diez años, pasaban a ser campesinos y podían incluso abandonar Sajalín. Pero el objetivo de la reinserción social de los condenados no podía cumplirse en aquellas condiciones.

Es escrupuloso: Chéjov visita todas las colonias, todas las isbas, registra a todas las personas que ve. Comprueba la pobreza de los colonos, las mujeres embrutecidas y los hombres solitarios, la gente que vive de mínimos subsidios del Estado: presos, colonos que han sido liberados, niños pobres, asilados, y, aunque pocos, descubre la vida de aquellos que se alimentan de madera podrida con un poco de sal. Constata que la economía de la isla depende de los recursos del Estado, que paga a funcionarios y soldados, y del trabajo de los presos. Los trabajos forzados de los condenados aseguran el funcionamiento de las minas de oro y de carbón, y, además, son leñadores, luchan con las ciénagas, son estibadores y campesinos. Centenares de presos son forzados a trabajar en las minas, que explota una compañía de San Petersburgo que se beneficia gratis de los yacimientos y del trabajo de los presidiarios. Muchos de ellos, además, eran utilizados como criados por gobernadores y funcionarios, y no era raro que un simple registrador tuviera seis u ocho presos a su servicio, sin ningún salario. Ese abuso implicaba que un forzado quedaba convertido en un esclavo doméstico.

Apenas la tercera parte de los hombres de Sajalín sabía leer y escribir, y, entre las mujeres, la proporción descendía hasta el diez por ciento. No se permitía llevar alcohol desde el continente, lo que facilitaba el contrabando y, aunque también la venta estaba prohibida en la isla, la corrupción de los funcionarios y la necesidad de evadirse de la dura vida había engendrado poblaciones como Slobodka, un lugar que acabaron llamando el “París de Sajalín”, habitado por unas tres mil personas, donde reinaban los borrachos, la violencia, el juego, la brutalidad, aunque también había viviendas de funcionarios, la residencia del comandante de la isla, tiendas, iglesia y la prisión de Duika. A menudo, Chéjov encuentra colonias donde reina la pobreza más espeluznante, y donde los vecinos se hallan mano sobre mano, sin hacer nada, aunque también encuentra aldeas alegres y limpias, como Derbínskoie, que contaba con su porción de parias, donde contempló “el grado máximo y extremo de la humillación humana” y encontró gente que soñaba con la calle Tvérskaia de Moscú, el centro de la vida social.

La tierra inhóspita de Sajalín, fría (en invierno pueden alcanzarse los veinte grados bajo cero, y, en agosto, la temperatura apenas llega a los dieciocho, y no era extraño que nevase en julio), pantanosa, con lluvias constantes como en el Bóldino de Pushkin, hace que la agricultura sea difícil y apenas se consiga duplicar o triplicar el volumen de simiente sembrada, aunque en algunos lugares prosperaba, como en Kórsakovskoie, en el norte. Sin embargo, casi toda la parte septentrional de la isla (la tercera parte del total) es una tundra con los pequeños troncos de alerces y cedros arrastrándose por el suelo. Allí estaba la terrible prisión de Voievodsk, que guardaba a los más feroces criminales, y lugares de rara belleza como el valle del río Arkai, la taiga interminable, los abedules (cuyas varas servían para azotar a los presos), fresnos, cerezos, espinos y bardanas, las colonias dispersas de antiguos presos, dedicados a la agricultura y el ganado o a duros oficios, las familias que apenas se alimentaban de nabos; y, a veces, de patatas y rábanos.

En el sur del río Tim, de clima más cálido, Chéjov admira paisajes familiares a lo largo de sus riberas. En Ríkovskoie, encuentra a muchos ucranianos, y una iglesia de madera en una plaza por donde pasan los presos y sus guardianes, que cuentan con una de las mejores cárceles de Sajalin, limpia y dotada de ventilación inversa para eliminar la fetidez. Los presos eran alimentados con tres libras de pan y una sopa repugnante, hecha de sémola y patatas y pescado podrido o algún trozo de carne, y se les entregaba un abrigo y una pelliza, así como cuatro pares de zapatos y dos pares de botas cada año, aunque el calzado solía pudrirse debido a que, con frecuencia, los presos no podían secar sus zapatos, ni sus pertenencias. En todas partes se utilizaba el pan como moneda: cualquier trabajo, cualquier compra tenía el pan como instrumento de pago. Muchos de los soldados destinados en la isla vivían como los presos y colonos, se alimentaban mal y vestían harapos; a veces, incluso se alojaban en las cárceles, y los guardianes solían emborracharse, jugar a las cartas con los condenados, comerciaban con vodka y se aprovechaban de las niñas. Junto a ellos, los funcionarios y oficiales componían núcleos abiertos al visitante, acogedores, y hasta preocupados por la cultura, hasta el punto de que Chéjov reseña cómo un grupo de Aleksándrovsk se atrevió a representar una obra de Gógol, y recibían libros, periódicos y revistas desde Moscú o San Petersburgo, o de ciudades siberianas, aunque no por ello pudiesen escapar de la mediocridad, como el Oblómov de Goncharov. También encontró funcionarios y responsables que actuaban con bondad y buen criterio, dejándole la impresión de que no se volvería a los inenarrables excesos de las décadas anteriores: ya no era posible azotar a un preso hasta la muerte, ni empujarlos impunemente al suicidio, aunque continuaba la práctica de los malos tratos y la tortura. Como médico, Chéjov también se interesa por las enfermedades de los presos: casi la mitad de las muertes se producían por enfermedades respiratorias y tuberculosis. La sífilis, el escorbuto, el marasmo, el tifus y la neumonía, las “fiebres”, las “enfermedades femeninas”, alteraciones gastrointestinales, gastritis, y otras de menor importancia, azotan a los habitantes de la isla.

La población de guiliakos, o nivjis, originarios de Sajalín, a donde habían llegado, hace doce mil años, desde la región que hoy se denomina Zabaikalie, merece la atención de Chéjov: vivían en yurtas, llevaban una vida nómada, y su número se reducía; se alimentaban de salmones, ballenas, esturión y focas. La marginación y nula consideración que los guiliakos tienen de las mujeres, hace que el dramaturgo los compare con Strindberg. Esa población sería estudiada también por el etnógrafo y revolucionario marxista Lev Sternberg, que había llegado preso a Sajalín un año antes que Chéjov. En el sur de la isla, admira los bosques y las suaves laderas, aunque anota que el territorio está abandonado; el cabo Krilon y su faro rojizo; Kórsakov, en el golfo de Aniva, frente a Japón, la pequeña ciudad que administraba el sur de la isla, que contaba con otra colonia penitenciaria, y donde no era raro que cincuenta hombres fueran azotados a la vez; pero le asalta la pereza, y ya no tiene tanto interés por visitar las isbas, aunque sigue recorriendo el territorio, encontrando antiguos almacenes de pesca japoneses, enclaves inundados que le hacen evocar Venecia, ciénagas y praderas de tomentilla, y descubre dramas de amor o de juego donde los hombres acaban envenenándose con acónito. Ahora, junto a Kórsakov, se encuentra Yuzhno-Sajalinsk, una ciudad con modernos edificios de vidrio que albergan a las compañías gasísticas y petroleras, y que tiene incluso un pequeño “Shanghái”, como denominan al barrio habitado por coreanos. Allí, en la casa donde se alojó el escritor, se ha creado un museo con pertenencias de Chéjov y de su familia, que los responsables fueron buscando y comprando trabajosamente por todo el país. Hoy, unos transbordadores van desde Vanino, en la región de Jabárovsk, hasta Jolmsk, en el sur de Sajalín, y aquel infierno descrito por Chéjov se ha convertido en un lugar adonde emigran jóvenes atraídos por la prosperidad y los buenos salarios del petróleo. Cuatrocientos kilómetros al norte de Kórsakov, en la desolada región de Taraika, Chéjov rememora los intentos de colonizar nuevas tierras con campesinos libres, sujetos a todas las penalidades y a la incompetencia de la administración, que incumple sus compromisos y los abandona a su suerte, y reflexiona sobre la relación entre rusos y japoneses en Sajalín, hasta que el tratado de 1875 sancionó la pertenencia de la isla a Rusia. En la desembocadura del río Naibu, Chéjov se encuentra ya con el océano Pacífico, donde le asalta la idea de quedarse allí para siempre.

Tras haber recorrido Sajalín, el 13 de octubre de 1890, tres meses después de su llegada, Antón Pávlovich se embarcó hacia Vladivostok, para seguir la ruta de Hong-Kong, Singapur, Ceilán, el Mar Rojo, el canal de Suez, y, por el Mediterráneo, alcanzar las aguas del Mar Negro y Odessa. Después de casi dos meses de navegación, el 8 de diciembre, llegaba a Moscú: había vuelto a casa, desde el infierno. Hasta cinco años después, no publicaría el libro, La isla de Sajalín, y, aunque las cenagosas aguas del imperio zarista parecían no moverse, podría ver que las reformas penitenciarias acabarían llegando, aunque con lentitud: en 1899 se eliminó la pena de exilio perpetuo, y, a inicios del siglo XX, se prohibieron los castigos corporales y el azotamiento.

Gorki, que le conoció bien, escribió que “al leer los cuentos de Chéjov uno parece sumergido en un día triste de finales de otoño”, la misma tristeza de Olga en Las tres hermanas, la misma amedrentada rutina que hace exclamar al tío Vania “cuando no hay verdadera vida, se vive de espejismos”; la misma desoladora melancolía que desprenden las páginas del libro de Sajalín, pese al tono científico, al rigor de la investigación; la agonía de un tiempo muerto, el naufragio y la soledad de una existencia miserable.

Chéjov desconfiaba de los consejos tolstoianos, pese a la admiración que profesaba al gran escritor, huía de esa austeridad mística que prometía una fugaz y confusa felicidad, y rechazaba ese amor abstracto por el “pueblo ruso”, elevado a una hipócrita santidad y perfección por muchos de los que se negaban a ver la miseria y la abyección en que el zarismo había hundido a tantos mujiks, a los habitantes de la inmensa Rusia. En una carta a Suvorin, escribe: “La guerra es un mal, los tribunales son un mal; pero de ahí no se deduce que yo tenga que llevar sandalias o dormir sobre una estufa, en compañía de un mujik y su mujer.” Si en el río Naibu, Antón Pávlovich había pensando en quedarse para siempre, desde la linterna del faro del cabo Zhonker se demoraba mirando el mar del Japón, la costa de Tartaria, mientras pensaba que si fuera un preso “trataría de escapar cuanto antes, al precio que fuese”. Sajalín era el desolado penal en que el capitalismo zarista había encerrado a Rusia, la música triste de un futuro sin salida, la abulia esclava que se hundía en la resignación que muestran tantos personajes de Chéjov, esa inacción que recuerda al hombre superfluo de Turguénev, pese a que el dramaturgo era bien consciente de que había que huir de la desdicha.




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